Domingo, 22. Enero 2017

Sergey Lavrov en el 2011 en Buenos Aires. Foto: Cancillería Argentina (CC BY-SA 2.0) Reproducimos un artículo del Canciller ruso Sergey Lavrov, publicado ayer lunes en el diario ruso »Rossiyskaya gazeta« y en el chino »Renmin Ribao«. La traducción ofreció el Ministerio ruso de Relaciones Exteriores.

Este año transcurre bajo la sombra del 70º aniversario del final de la segunda Guerra Mundial. Para Rusia y China esta fecha tiene un significado especial. Nuestros países fueron aliados en la lucha contra el nazismo y el militarismo japonés, soportamos el principal peso de la agresión y sufrimos las bajas más importantes. Gracias al coraje ejemplar, a la abnegación y el sacrificio, a la movilización de todas las fuerzas, nuestros pueblos resistieron en aquella violenta lucha y consiguieron la victoria.

Como preámbulo de la Segunda Guerra Mundial, Japón en 1931 invadió Manchuria y en 1937 desató contra China una agresión a gran escala. Entonces la Unión Soviética fue el único país que socorrió a Pekín suministrando aviones y carros de combate, piezas de artillería, armas ligeras, equipamiento para comunicaciones y otros bienes militares. Unos 5.000 asesores militares soviéticos, entre ellos un destacamento importante de pilotos de guerra, participaron en los combates.

Tras la negativa de Tokio a aceptar la capitulación, nuestro país, fiel a sus compromisos de aliado, entró en guerra en el Oriente Lejano. Las tropas soviéticas en poco tiempo derrotaron la poderosa agrupación terrestre nipona. El nordeste de China y Corea fueron liberados de la ocupación.

Decenas de miles de soldados soviéticos dieron sus vidas por la libertad y la independencia de China. Nos alegra que Pekín se esfuerce por mantener viva la memoria de nuestros compatriotas. Un ejemplo representativo de nuestra cooperación en materia de protección de la memoria histórica fue la primera expedición conjunta de búsqueda de los restos de soldados soviéticos, llevada a cabo con éxito este año en la provincia china de Heilongjiang.

Hoy nos enfrentamos a un descarado intento de falsear la historia de la guerra, de igualar a las víctimas y a los verdugos. Esto no sólo representa una ofensa para nuestras naciones sino que también socava los cimientos del actual orden mundial, fijados en a Carta de la ONU. Por eso es extremadamente importante que nuestros Estados estén unidos en el propósito de continuar defendiendo con energía la verdad histórica y los frutos de la victoria conquistados. En este contexto es difícil sobrevalorar el significado de la participación del presidente chino, Xi Jinping, en las celebraciones del aniversario en Moscú y la de las unidades de las Fuerzas Armadas de la República Popular en el desfile conmemorativo en la Plaza Roja.

En la actual situación internacional, bastante complicada y que se caracteriza por un elevado nivel de turbulencia y múltiples manifestaciones de la crisis conviene recordar las lecciones del pasado para evitar errores irremediables en el futuro. El futuro del mundo no puede ser determinado por un Estado o por un reducido grupo de países. Los bombardeos de Yugoslavia, la invasión de Irak, el caos en Libia y la guerra fratricida en Ucrania ponen de manifiesto, de forma muy clara, cuáles pueden ser las trágicas consecuencias de olvidarnos de esta verdad evidente, de desear conquistar y conservar, cueste lo que cueste, el dominio global, de imponer la propia voluntad, deseo o valores a otros Estados.

Hace 70 años, los aliados pudieron superar las diferencias y dejar de lado las ambiciones propias uniéndose para derrotar al enemigo común y la ideología criminal. Uno de los resultados más importantes de los esfuerzos conjuntos fue la creación de la Organización de las Naciones Unidas, cuyo 70º aniversario se celebra a lo grande este año.

Este espíritu de alianza y, en general, las lecciones de la Segunda Guerra Mundial confirman que la única vía válida es trabajar en conjunto para encontrar respuestas eficaces a las amenazas a las que se enfrenta la comunidad internacional. Y demuestran el valor de la cooperación igualitaria y mutuamente respetuosa, que es, en realidad, el único medio para prevenir nuevos conflictos.

Esta es la filosofía a partir de la cual se estructuran las relaciones ruso-chinas que están atravesando su mejor momento y continúan desarrollándose de forma progresiva. Se basan en el sentimiento de sincera amistad y simpatía entre nuestros pueblos, en el profundo respeto y la confianza mutuos, en la capacidad de tener en cuenta los principales intereses del otro y la preocupación por el bienestar de nuestros países. De hecho, se trata de unas relaciones internacionales de nuevo tipo, de una especie de modelo de cooperación del siglo XXI.

La interacción ruso-china en el escenario mundial se ha convertido en un importante factor para asegurar la estabilidad internacional y regional. Rusia y China tienen posturas idénticas o muy cercanas en relación a los principales problemas de la actualidad, abogan de manera consecuente por la formación de un nuevo orden mundial policéntrico en el marco del derecho internacional, el respeto de la identidad nacional de los pueblos y su derecho a la autodeterminación. Somos contrarios a que se imponga la voluntad ajena a los Estados soberanos, sobre todo mediante el uso de la fuerza, de las sanciones unilaterales y, en general, de la aplicación de la política de "dobles raseros".

Coordinamos eficazmente nuestras acciones en diferentes foros multilaterales, en particular en la ONU, en el Grupo de los Veinte, y en el marco del grupo BRICS y la OSC, que celebraron con éxito sus cumbres en el pasado mes de julio en Ufá (Rusia), y nos brindamos apoyo mutuo invariablemente.

La interdependencia, creciente en el contexto de la globalización, la emergencia de nuevos centros de gravedad en el mundo requieren elaborar  enfoques innovadores y originales para asegurar el crecimiento progresivo de la economía mundial. Tal objetivo podrá ser alcanzado sólo de forma conjunta, a partir de la lógica de la cooperación y del beneficio mutuo.

La Unión Económica Euroasiática, que se estableció el 1 de enero de este año, está destinada a convertirse en un factor relevante que garantice el desarrollo económico estable de sus miembros. Al mismo tiempo, no queremos enfrentar el proceso euroasiático con los demás procesos integradores, estamos dispuestos a trabajar para compaginarlos, para construir puentes entre Europa y la región Asia-Pacífico. El mismo pensamiento constructivo distingue el proyecto del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda propuesto por China. La idea de crear un espacio económico común, que articula ambos proyectos, brinda amplias posibilidades para armonizar los esfuerzos.

Un paso importante dado en este sentido fue la firma el pasado 8 de mayo en Moscú de la Declaración conjunta ruso-china que engloba la cooperación para el desarrollo de la Unión Económica Euroasiática (UEEA) y para el cinturón económico de la Ruta de la Seda. En realidad se trata de una estrategia para garantizar la complementariedad de estas iniciativas con el objetivo de conseguir resultados óptimos para todos sus participantes. Es importante que durante este proceso nos atengamos a los principios de transparencia, respeto mutuo, paridad y apertura para todas las partes interesadas: tanto en Asia como en Europa. Está claro que será un proceso muy largo, pero, según reza un proverbio chino, "el fuerte salvará el obstáculo, el sabio llegará al final del camino".

La condición indispensable para el desarrollo de la cooperación fructífera en la región Asia-Pacífico, cuya relevancia en la economía y la política mundiales seguirá creciendo, es el refuerzo de la estabilidad regional. De ahí la necesidad de crear en la región unos eficaces mecanismos para asegurar una seguridad igual e indivisible para todos, que funcione por encima de los intereses de los bloques. Este es el objetivo de la iniciativa ruso-china para la seguridad y la cooperación en Asia-Pacífico presentada en septiembre de 2010. Guiándose por los principios previstos, Rusia -junto a China y Brunéi- presentó la propuesta de iniciar el trabajo con el fin de diseñar una arquitectura regional de seguridad que responda a las necesidades de la actualidad. Esta propuesta fue respaldada en la VIII Cumbre de Asia Oriental en octubre de 2013.

Nos proponemos seguir cooperando estrechamente con nuestros amigos chinos para hacer lo posible con el fin de abrir nuevos horizontes a nuestras relaciones para el bien de nuestros pueblos, en aras de afirmar en el escenario mundial los valores de justicia e igualdad. Uno de los componentes clave del éxito, en este sentido, es el diálogo intenso al más alto nivel. Estoy convencido de que la visita del presidente de Rusia, Vladimir Putin, a China, prevista para principios de septiembre, dará un poderoso impulso a nuestra cooperación estratégica y multifacética. Y contribuirá a revelar su potencial verdaderamente inagotable.

Fuente: Cancillería rusa / RedGlobe

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