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Categoría: USA

Por: Carolus Wimmer

Con el aumento de los contagios y muertes por COVID-19 en Estados Unidos, los partidos republicano y demócrata aprobaron un fondo de 2 billones de dólares para “salvar” las corporaciones y  Donald Trump anunció el pronto levantamiento de las restricciones impuestas para luchar contra la propagación de la pandemia y obligar a los trabajadores a regresar a sus puestos.

«La guerra no es más que una continuación de la política por otros medios.» La famosa frase del teórico militar Carl von Clausewitz, es adecuada para describir las medidas económicas, a favor de las corporaciones, de la mayoría de los gobiernos imperialistas para “combatir” la crisis del coronavirus. Por ejemplo el parlamento alemán, aprobó un rescate de 756 mil millones para sus empresas, mientras que más del 50% de los trabajadores alemanes temen por su estabilidad laboral como consecuencia de la crisis.  Se trata de la continuidad de la política  genocida de enriquecimiento de los ricos a expensas de la clase trabajadora, que se ha estado llevando a cabo durante siglos.

Mientras que Trump aseguró que la Semana Santa sería un buen momento para terminar con la cuarentena y reabrir las fábricas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que dentro de las próximas semanas  EE.UU. se habrá convertido en el epicentro de la pandemia mundial.

La promesa de Trump de reabrir los negocios cerrados, combinada con la perspectiva de un regalo de 2 billones de dólares para las corporaciones y el anuncio de la Reserva Federal de un apoyo ilimitado a los bancos y los mercados financieros, hizo que los precios de las acciones se dispararan. Los multimillonarios del capital especulativo celebran su buena fortuna en medio de una catástrofe social y económica para los trabajadores y trabajadoras y para los sectores empobrecidos de toda la población en el mundo.

El criminal grado del saqueo gubernamental de recursos sociales para rescatar a la aristocracia financiera, fue anunciado por Larry Kudlow, el principal asesor económico de Trump. Dijo en una conferencia de prensa que el total del estímulo económico que el gobierno promulgará alcanzará los 6 billones de dólares. Cuatro billones de dólares vendrían del programa de «alivio cuantitativo» de la Reserva Federal y el resto del proyecto de ley de rescate corporativo.

Científicos y expertos alertan que un rápido fin de la cuarentena se traducirá en el aumento exponencial de las infecciones y muertes. El Dr. Tom Inglesby, director del Centro para la Seguridad de la Salud de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, advirtió que frenar el distanciamiento social podría costar millones de vidas. «Cualquiera que aconseje el fin del distanciamiento social ahora necesita entender completamente como se verá el país si hacemos eso. El COVID-19 se extendería ampliamente, rápidamente, terriblemente, podría matar potencialmente a millones en el año venidero con un enorme impacto social y económico», expresó.

Trump y los que apoyan su plan para levantar las medidas de distanciamiento social, entre ellos el New York Times y el Washington Post, alineados con el partido demócrata, saben cuál será el resultado. Trump habla en nombre de una circunscripción fascista dentro de la oligarquía financiera que considera que la eliminación de la población de adultos mayores, discapacitados para el trabajo, débiles y enfermos, es un factor positivo.

La posición de la clase dominante americana es que la reanudación de la obtención de beneficios debe continuar, y si significa la matanza de millones de trabajadores, que así sea.

El rescate corporativo bipartidista se presenta, en un colosal acto de fraude político, como una bendición para la clase trabajadora. El discurso de Trump disfraza el robo del dinero de los contribuyentes, por parte de la élite dirigente, de “plan para salvar a América” y proteger a los más pobres de las consecuencias económicas de la pandemia.

En este difícil momento, la prioridad de republicanos y demócratas por igual es detener la caída libre en el mercado de valores y explotar la emergencia sanitaria para la transferencia de riqueza a la aristocracia financiera con recursos muy superiores al rescate de los bancos y la industria automotriz que siguió a la caída de Wall Street en 2008.

El Tesoro federal entregará cientos de miles de millones de dólares a las empresas y los ricos -creando un nuevo pretexto para recortes brutales en los servicios sociales- mientras no se hace prácticamente nada para luchar contra la propagación del coronavirus o proteger a la ciudadanía de las repercusiones sanitarias y económicas de la crisis.

El desembolso único de 1.200 dólares a quienes ganan menos de 75.000 dólares, es completamente insuficiente para compensar la pérdida de empleo e ingresos a la que se enfrentan cientos de millones de personas.

Las principales disposiciones de la Ley incluyen:

No habrá restricciones efectivas sobre cómo los receptores corporativos usan la generosidad del gobierno. No hay restricciones en la remuneración de los ejecutivos. Eso significa que el dinero se destinará, como en 2008-2009, a la recompra de acciones, dividendos y bonificaciones para aumentar la riqueza de los altos ejecutivos y los grandes inversores, mientras se  priva al Estado de suficientes fondos para garantizar empleos bien remunerados  e inversión en infraestructura social y de atención de la salud.

Por otra parte, el dinero para los «pequeños negocios» no irá a restaurantes familiares, tintorerías o gasolineras. Dado que la «pequeña empresa» está clasificada como una empresa con menos de 500 empleados directos, la mayor parte de los $ 350.000 millones en préstamos se destinarán a poderosos fondos de cobertura y a otras empresas con miles de millones de activos.

La pandemia de COVID-19 ha expuesto la bancarrota -económica, social y política- del sistema capitalista y de todos sus representantes políticos. Ha puesto al descubierto las explosivas divisiones de clase en una sociedad basada en el beneficio privado y la codicia corporativa.

El actual rescate bipartidista de las grandes empresas y las medidas para obligar a los trabajadores a volver al trabajo sin protección contra el virus debe generar una oposición masiva en la clase obrera. Ya han estallado huelgas y protestas en los EE.UU. y en todo el mundo por parte de trabajadores que se niegan a sacrificar sus vidas y las de sus familias para seguir produciendo beneficios para los propietarios.

Los trabajadores se darán cuenta de que la aplicación de medidas eficaces para combatir el virus y salvar vidas es inseparable de la lucha contra el capitalismo.

Fuente:

COSI – Comité de Solidaridad Internacional

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