Miércoles, 20. Junio 2018
La Clase Obrera de todo el mundo celebra el 1º de Mayo bajo los augurios de una nueva agresión imperialista, esta vez contra Iran bajo el pretexto de la negativa de este país a poner fin a su programa nuclear. La escalada en las amenazas al gobierno iraní provenientes tanto de los EEUU como de otras potencias imperialistas europeas y las escaramuzas en la frontera Irak-Irán vienen a confirmar lo que venimos denunciando hace tiempo, que el capitalismo en su fase imperialista no duda en utilizar la guerra permanente como único método posible ya para hacerse con el control de nuevos mercados y apoderarse de las reservas energéticas de terceros países.

Sin embargo el imperialismo encuentra serias dificultades para extender su hegemonía por el mundo. La heróica resistencia del pueblo iraquí está convirtiendo la presencia militar USA en ese país en una auténtica pesadilla para el ejército más poderoso del planeta, cuando se cumplen cuatro años de la invasión. A ello hay que sumar la creciente corriente de profundas transformaciones sociales que recorre buena parte de Latinoamérica bajo el empuje de una nueva correlación de fuerzas, donde la clase obrera, los campesinos y las capas populares se constituyen como el motor del cambio social en numerosos países del continente, siempre con la revolución cubana como ejemplo de dignidad de un pueblo que lucha y avanza y el creciente empuje de la revolución bolivariana en Venezuela que va ampliando y afianzando su base social.

En el estado español celebramos este 1º de mayo en plena ofensiva capitalista caracterizada por un aumento de la represión laboral que tiene su expresión más concreta en la condena impuesta a los sindicalistas asturianos Morala y Carnero, acusados sin pruebas por “destrozos y desórdenes públicos”, con una sentencia ejemplar que busca amedrentar a quienes desde posiciones combativas y de Clase defendemos consecuentemente los derechos e intereses de los trabajadores y trabajadoras. Paralelamente asistimos a una nueva oleada de amenazas de cierre y deslocalización de empresas con la pérdida de miles de puestos de trabajo. Delphi, en la bahía de Cádiz, Tyco-Microser en Valladolid, o SAS Abrerá en Barcelona son los ejemplos más recientes de una estrategia capitalista que se basa en la rapiña de millones de euros de las subvenciones públicas y el traslado posterior de la producción a países con la mano de obra más barata.
Pero el coste para la clase obrera de esta ofensiva neoliberal no acaba ahí. 1352 trabajadores fallecieron durante el pasado año en accidente laboral pese a las millonarias campañas propagandísticas puestas en marcha. Para el PCPE estas muertes, lejos de ser accidentales son consecuencia directa del modo de producción capitalista, basado en la productividad y competitividad a cualquier precio. Estamos por tanto ante un auténtico terrorismo patronal, pues se priman los beneficios de unos pocos por encima de la vida del trabajador.

Sin embargo la clase obrera no asiste impasible a esta ofensiva capitalista. Miles de trabajadores y trabajadoras se movilizan a diario en defensa de sus puestos de trabajo y exigiendo mejoras laborales, socializando sus luchas e incorporando a las mismas de una manera incipiente a sectores del pueblo que permanecían sumidos en el derrotismo y la desmovilización. El sindicalismo oficial continúa entregado a la conciliación de intereses con quienes nos explotan. Estas luchas han de servir para elevar el nivel de conciencia de la clase y arrebatar la hegemonía que todavía ejercen sobre la misma las organizaciones sindicales pactistas y el reformismo político.

El capitalismo condiciona ya todos los aspectos de nuestras vidas, nos explota, nos hipoteca y nos convierte en sujetos pasivos de nuestro devenir. La lucha por el socialismo ha de colocarnos como protagonistas de nuestra propia historia.

1º de Mayo de 2007
Comité Central del Partido Comunista de los Pueblos de España

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