comunistaEn los albores del siglo 20, al que Hobsbawm llamó el “siglo corto”, el sistema capitalista inició su fase de crisis, la de mundialización del giro del capital financiero, el capital imperialista. El primer intento de “resolver” dicha crisis generó un gran genocidio a escala planetaria: la primera guerra mundial, guerra imperialista, de nuevo reparto de colonias, como la definió Lenin, llamando a la clase obrera mundial a convertirla en guerra civil contra el capitalismo.

La claridad de Lenin para visualizar el problema clave de la revolución: la cuestión del poder, se puso de manifiesto al entender que era el momento de derrotar al zarismo, lograr una paz democrática e iniciar el camino de transición socialista. En la contradictoria situación de la dualidad de poderes, entre febrero y noviembre de 1917, contra toda visión mecanicista y esquemática proclamó la consigna de “Todo el poder a los soviets”, es decir al poder popular.

Por eso puso el centro de su enfoque y de su acción en el papel de los soviets como instrumento de la autonomía obrera y el del partido como partido de clase, que asume la funcionalidad histórica de guía del proletariado y los sectores semi proletarios afines, para aportar a su transformación en bloque político de la revolución. Justamente en el rol de los soviets como poder popular -y del partido de clase como orientador del mismo- se basó la estrategia de Lenin para dirigir el proceso de transición socialista, tarea que quedó trunca por su muerte en 1924. Desde ahí la directiva dogmática licuó el protagonismo obrero y popular en un aparato estatal burocrático que vació de contenido a la revolución y la llevó al colapso siete décadas después.

Estos enfoques, en especial el rol del poder popular, demuestran no solo la originalidad y trascendencia de esa revolución y la vigencia de sus propuestas y de sus claras enseñanzas en cuanto a la caracterización correcta de una situación nacional concreta en un momento histórico dado y su combinación con los factores internacionales. Lo mismo acerca del trazado de una táctica precisa -el hacer política cotidiana- por los bolcheviques para la toma del poder.

La potencia económica y militar de Octubre y su política exterior pacifista, de respeto a la autodeterminación de los pueblos dio un fuerte impulso a la lucha antiimperialista mundial y a la descolonización e impuso a los estados del gran capital monopólico varias décadas sin guerras a escala planetaria. Sin embargo, las potencias imperialistas nunca renunciaron a su política belicista y agresiva, hoy enfilada contra todos los procesos liberadores, incluso contra las burguesías locales que no se avienen a someterse al todo a sus políticas de saqueo. Realidad esta que vivimos en carne propia en Nuestramérica, lo que dispara no pocos debates. Creo que las enseñanzas de Octubre son de suma aplicabilidad, comenzando por abandonar toda idea de que en el “libre juego democrático” se puede pactar con la derecha o su correlato de intentar frenarla con regímenes de capitalismo “serio”. La derecha no negocia, aplasta, la democracia restringida le sirve solo para aplicar sus planes de saqueo con el consenso, aunque sea pasivo, de los sectores más desinformados y manipulables. El desgobierno Pro-cesado es muy claro al respecto.

Se trata de construir una fuerza política alternativa, una fuerza de poder popular que produzca la ruptura histórica con el intento de reformular el sistema político institucional argentino limitándolo ala competencia electoralista entre la derecha neoliberal explícita, una derecha maquillada de social cristianismo y una fuerza populista no revolucionaria. Sucede que las clases dominantes necesitan, más allá del gobierno, un estado y un sistema institucional que les asegure la mayor rentabilidad, sin importarles el costo social y político, incluido un alto nivel de judicialización de la política y su consecuente represión masiva y selectiva en simultáneo.

La historia del siglo 20 indica que tanto el abandono del leninismo por una directiva burocrática, como el rechazo del mismo por la socialdemocracia internacional llevan al fracaso a las políticas de conciliación y convivencia con el gran capital monopólico, hoy en crisis civilizatoria.

Octubre Rojo fue la más grande creación práctica del marxismo y el estudio y análisis de su surgimiento y caída aún influye en la creatividad de los teóricos y pensadores marxistas críticos. La actitud ante el contenido de Octubre Rojo es la piedra de toque para definir la herencia a la que renunciamos: el reformismo; y la que reivindicamos: la actualidad y vigencia del poder popular; el rol de la clase obrera entendida como centralidad del sujeto popular; el papel del partido revolucionario, concebido como concentración de fuerza subjetiva que se constituye en el seno de las masas y convierte a la conciencia en fuerza material organizada para la toma del poder y la destrucción del estado opresor; y el internacionalismo revolucionario. Vale decir, su gran aporte teórico en cuanto a estas regularidades de la revolución.

En opinión de quien escribe, la consolidación de un proceso de liberación nacional y social depende primordialmente de un mayor despliegue del factor subjetivo, de conciencia y organización, regularidad histórica esta que nos hermana con la Revolución de Octubre: la generación de un vasto y vigoroso poder popular que nos integre por la base, desde los movimientos populares y a escala continental. Los comunistas reivindicamos este ejemplo de revolución que pese a su derrota por falta y no por exceso de marxismo, con su riqueza sigue marcando la época de transición desde la liberación nacional al comunismo.

Fuente: Partido Comunista de la Argentina via Solidnet / RedGlobe

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