La crisis sanitaria mundial producida por el virus Covid19 está dejando en evidencia otras crisis: económica, social, laboral, política y también en las relaciones geopolíticas entre los Estados y bloques regionales, comercio exterior y demás. Muchos especialistas hablan de que estamos viviendo un momento de transición histórica únicamente equiparable a la crisis dejada por la Segunda Guerra Mundial. La dimensión social e histórica de la crisis es tal que nada será igual. Vamos a vivir un cambio profundo de lo que conocemos como sociedad internacional que redefinirá y reconfigurará algunos bloques. Siendo el epicentro, con choques y divergencias profundas que vienen ocurriendo, la Unión Europea (UE).

La UE surgió bajo el principio de solidaridad, fraternidad y como una suerte de hermano mayor de la democracia americana por su “madurez” sobre lo que representan los derechos humanos, la defensa del llamado “estado de bienestar” y una visión amplia de lo que significa la cooperación interestatal. Llegando al punto de eliminar las fronteras o limites existentes entre los Estados, como símbolo de dicha unidad.

Pero todo eso va quedando atrás. En la actualidad estamos asistiendo a un espectáculo bochornoso de un bloque que parecía fuerte y que empieza a mostrar sus profundas fisuras. El bloque europeo, que debería tender sus manos entre sus miembros, está enfrascado en una tensión grave sobre sus propias producciones y adquisiciones de insumos médicos para enfrentar la pandemia.

Este enfrentamiento lo inició Alemania, el más fuerte del bloque, que a inicios de marzo y en el inicio de la pandemia en Europa, prohibió la exportación de mascarillas y otros materiales de protección sanitaria; no a países fuera del bloque, sino a Italia y España. Cortándoles los suministros en un momento clave, repercutiendo, sin lugar a duda, en la actual situación de miles de infectados y muertos en ambos países. Además, no les envió ningún tipo de ayuda.

Francia, siguiendo los pasos de Alemania incauta un cargamento de mascarillas procedentes de Suecia y que tenían como destino Italia y España, argumentando que “están en guerra”. Turquía hizo lo propio: incautó un avión con respiradores que España había comprado para tratar a sus ciudadanos enfermos por el Covid19. La UE se convirtió rápidamente en tierra de nadie dejando atrás los principios con los que se unificaron.

Desde el otro lado del Atlántico: EE.UU., cabecilla de la OTAN, llegó al extremo, con dinero en mano y a puertas del despegue de aviones de carga con los implementos sanitarios ya cancelados, a comprarlos pagando tres o cuatro veces su precio inicial. Además, impuso la ley de “producción de defensa” obligando a las empresas a producir lo que necesiten en “tiempos de guerra” impidiendo, por ejemplo, a la empresa 3M (principal productora de mascarillas N95) a comercializar y exportar su producción a otros países que lo requieran. Esto, chocando directamente con los requerimientos de sus aliados europeos. Con esto deja a la UE sin liderazgo político estratégico en el peor momento de la crisis. La desconfianza se profundiza.

Esto que describimos es la expresión máxima del “libre mercado” dirán algunos. Cuando en realidad es canibalismo puro y duro, la ley de la selva y el individualismo más crudo, el sálvese quien pueda, es decir, el más poderoso, dejando a los demás en el completo desamparo. La Unión Europea que en la última crisis económica no dudó en exigir a los ciudadanos ser solidarios y dar un rescate a los bancos con dinero público, ahora se pelea por sacar adelante los bonos para reflotar la economía y salvar vidas.

Abajo, en los pueblos español e italiano han llegado a quemar las banderas de la Unión Europea, en empresas y comunidades autónomas han llegado a izar banderas de Rusia, Cuba o China quienes han enviado ayuda solidaria y mantienen abiertos los intercambios comerciales de insumos médicos. También, en diversos medios vemos como los ciudadanos de algunos países de la UE se preguntan: ¿de qué me sirve pertenecer a la Unión Europea, subvencionar unas fuerzas armadas regionales como la OTAN, si en estos momentos no son capaces de enviar ningún tipo de ayuda?; es más, la ayuda llega de la razón de la creación de esa fuerza armada supranacional que me obliga a recortar presupuestos en salud y educación. En clara referencia a la OTAN.

Pablo Iglesias dijo: “Es mentira eso de que las catástrofes convierten a los ateos en creyentes, las catástrofes convierten a los neoliberales en keynesianos”. Por eso vemos cómo países otrora adalides del libre mercado y la minimización de la presencia del Estado, están terminando por incautar, decretar producción y hasta nacionalizar sectores claves para enfrentar la pandemia. También, obligados por la crisis, han decretado aranceles a sus vecinos e impuesto topes a las exportaciones. Sin duda, estamos entrando a una nueva etapa de la sociedad internacional donde los cambios más profundos posiblemente inicien en Europa, que se encuentra sin liderazgo y a la deriva.

Fuente:

Partido Comunista del Perú - Patria Roja