En diferentes ciudades de diversos países se escuchan los reclamos sociales de justica, las calles y avenidas principales son testigos del despertar de los pueblos que vuelven a ponerse en marcha dejando atrás los días de confinamiento obligado por la pandemia del COVID-19, los reclamos contra el abuso de autoridad y la violencia policíaca sacuden a los Estados Unidos y a México, arteros crímenes con lujo de violencia hacen que la ira surja de las entrañas humanas donde permanecía dormida, los nombres de George Floyd, Giovanni López, Oliver López, son entre muchos otros, la razón de esta nueva ola de rebeldía que sacude al mundo.

El racismo tan enraizado en nuestras sociedades y la cada vez mayor brecha de desigualdad social-económica que mantiene a millones de seres humanos en pobreza y a un pequeño grupo groseramente rico, son las chispas que hacen arder literalmente los principios estructurales del capitalismo, la lucha de clases se evidencia en la toma de consciencia de millones alzando el grito reivindicativo de los oprimidos.

La solidaridad internacional se manifiesta en países europeos como; Grecia, Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Inglaterra, España al igual que Australia, se movilizan acompañando la exigencia del fin del racismo y la justicia para George Floyd, la perdida moral del poderío del imperio estadounidense por sus propias contradicciones internas, es acompañada de la pérdida de su poderío económico, la crisis ya existente desde años atrás y con los efectos del COVID-19 dimensionada rápidamente al abismo, pone en jaque a los Estados Unidos que hundidos en el fango de su propia lluvia, se desmorona ante los ojos del mundo.

Las próximas elecciones presidenciales de noviembre, decidirán más que la reelección o no de Donald Trump, la continuidad del modelo neoliberal o el retorno a formas de un capitalismo de Estado, algo que tanto ha negado el sector más agresivo de la burguesía yanqui. En la propia Europa, las movilizaciones por el asesinato de George Floyd, reabrieron viejas heridas locales propiciadas por este mal social, aquellas ciudades glamorosas invocadas durante siglos como la cúspide de la civilización, guardan secretos inhumanos por el desprecio a las comunidades negras, asiáticas, latinas y las propias minorías autóctonas, el ideal colonialista sigue vivo y cobra un sinfín de víctimas cada año que son negadas o poco valoradas, pero también, que son acompañadas por la lucha de miles de refugiados, exiliados y emigrantes cuyas condiciones extremas les llevaron a buscar como en el caso del “sueño americano” un rincón donde poder sobrevivir. Los testimonios de sobreexplotación en los campos que narran integrantes de la comunidad negra es justo el símil de las condiciones de trabajo y vida de millones de latinos y afroamericanos en Estados Unidos, la realidad es que el capitalismo está por naturaleza imposibilitado a dar un trato humano a las necesidades urgentes.

En México, una nación golpeada por la violencia desmedida por el narcotráfico, la violencia de Estado y la violencia social-machista, comienza a movilizarse exigiendo el fin de la brutalidad policiaca que ha cobrado en los últimos días la vida de Geovanni López y Oliver López, además, de quedar al descubierto por el comportamiento represivo y autoritario que se ha observado precisamente contra los manifestante que combaten esa misma violencia, al grado de que en el estado de Jalisco muchos jóvenes permanecen desaparecidos y en la ciudad de México son golpeados al mansalva como aconteció con Melanie, parecería un hecho irónico o de burla, si no fuera la confirmación descarada del sistema de su rostro real. La otra violencia, la que se disfraza y romantiza por la burguesía, es aquella que sufre la clase trabajadora y los sectores populares, que al ser explotados son despojados de la riqueza que producen, laborando en condiciones que no respetan los lineamientos legales, es decir, la falta de condiciones óptimas en los centros de trabajo, es también una forma de violencia contra los trabajadores y las trabajadoras, que ahora, con la pandemia se agravó al ser muchos sectores laborales obligados a continuar en funciones sin importar el grave riesgo, cosa que nuevamente se manifiesta con el llamado retorno a la “nueva normalidad” sin haber desaparecido el riesgo real de contagio del COVID-19. En este sentido, muchas voces de lucha se escucharon en estos tiempos excepcionales, en el norte del país, obreros y obreras han venido dando muestras de dignidad en las maquiladoras, fábricas y empresas donde laboran, exigiendo el respeto a todos sus derechos laborales y las condiciones idóneas para efectuar su trabajo. Huelgas, paros y movilizaciones han sido las armas del despertar proletario, hechos que vienen a obligar a quien en verdad esté dispuesto a comprender la sociedad, a reconocer el lugar central de la clase trabajadora para el desarrollo de las sociedades, sin su fuerza, el sistema capitalista colapsa irremediablemente.

Esta nueva ola de rebeldía que también se expande por América Latina, sirve de muestra para comprender la necesidad de la organización proletaria y popular, la necesidad del despertar de la consciencia de clase y revolucionaria, para la conformación de bloques de lucha contra el capitalismo en favor de una sociedad superior sin explotados ni explotadores, sin racismos ni violencia estructural de ningún tipo, la apuesta en este sentido, sigue siendo el socialismo como el camino para el bienestar de la humanidad.

Fuente:

Juventud Comunista de Bolivia

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