El Movimiento Cubano por La Paz y la Soberanía de los Pueblos condena enérgicamente la más reciente escalada belicista emprendida por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, contra la República Bolivariana de Venezuela y Cuba.

En las últimas jornadas, justo cuando el mundo sufre los embates de la pandemia COVID-19 —cuyas estadísticas escalofriantes, en cuanto a número de infestados y víctimas mortales revelan las vulnerabilidades y abismos instaurados por el modelo capitalista, centrado en el consumo y las ganancias económicas y no en los seres humanos— el imperialismo yanqui arrecia su embestida contra nuestras naciones, con el propósito de doblegarnos y ver coronados así su pretensión bicentenaria de controlar, por una u otra vía, nuestro destino.

En aras de consumar dicho afán (no es necesario realizar un recuento de todas las agresiones perpetradas contra los países de América Latina y el Caribe desde la formulación de la nefasta Doctrina Monroe, en 1823, e incluso desde antes) la actual administración estadounidense no deja de envalentonarse y, particularmente contra la tierra de Bolívar y Martí, diseña y pone en práctica recicladas y nuevas estratagemas, que impresionan por lo perverso de las mismas.

En honor a la verdad, casi desde la llegada de Trump al Despacho Oval, en enero del 2017, se implementaron un amplio diapasón de sanciones, y medidas de toda clase, contra ambos procesos revolucionarios. Distintos funcionarios, y el propio presidente, no se cansan de repetir lo mismo que están sobre la mesa todas las opciones contra Venezuela, incluyendo el ataque militar, que van a acabar con la Cuba socialista, intensificando a cotas nunca antes vista la aplicación del amplio entramado de sanciones que significa el bloqueo comercial, económico y financiero que se prolonga por más de 60 años.

Hace solo unas horas el paroxismo de los inquilinos de turno de la Casa Blanca llegó a niveles de especial peligrosidad para toda la región. El despliegue de fuerzas militares navales en zonas aledañas a la República Bolivariana, y la declaración de que Cuba y la hermana nación sudamericana participan del tráfico de drogas, además de una afrenta que la comunidad internacional no puede permitir, revela que las mentes calenturientas de esos halcones están maquinando cualquier invención, y pretexto, para desatar todo su odio y desprecio hacia nosotros.

Días atrás, en la misma línea, calificaron al legítimo gobierno que encabeza Nicolás Maduro como narcotraficante, a lo que añadieron —en el peor estilo del Viejo Oeste— que pagarían sumas millonarias por toda información que contribuyera a deponer y apresar al presidente Maduro y otros dirigentes chavistas. Tal proceder gansteril tiene que ser condenado, con toda vehemencia, por los movimientos de paz del orbe.

En el caso de Cuba son más de 200 las medidas que ha puesto en marcha la administración Trump, con el objetivo de aplastar a la revolución. El Programa de Acciones Encubiertas, rubricado el 17 de marzo de 1960 por el presidente Dwight Eisenhower, y el Memorando elaborado por el subsecretario de Estado Lester Mallory pocos días después, el 6 de abril — bases sobre las que se elaboró la plataforma de ataque que representa el bloqueo y la cual quedaría perfilada completamente bajo la Proclama 3447 firmada por John F. Kennedy, el 3 de febrero de 1962—, resurgen con mayor virulencia, bajo la impronta del principal peligro a la paz mundial, que constituye sin dudas el presidente Trump.

Desde la Mayor de las Antillas hacemos un llamado a los más diversos sectores de la sociedad universal para que no dejemos que la avaricia imperialista se cebe en tiempos en que la única tarea posible es que nos unamos todos para detener el horror que desata este coronavirus.

Estados Unidos es el país con mayor número de personas contagiadas y fallecimientos. Es criterio unánime el mal manejo de Trump al comienzo de esta enfermedad a la cual, con su arrogancia característica, calificó, desoyendo a los científicos y expertos de su propia nación, como una simple gripe. Nadie puede calcular cuántas vidas se habrían salvado si hubiera procedido, desde el principio, con sensatez y efectividad en sus acciones. Por si ello fuera poco, el magnate inmobiliario acaba de culpar a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a China por esta pandemia. La única preocupación de Trump, en realidad, es cómo logra reinstalarse otros cuatro años en Washington. Es bochornoso que sean las aspiraciones electorales las que muevan el proceder de quienes dirigen la mayor potencia económica y militar del planeta.

Hace solo unas horas el Papa Francisco, al igual que han hecho numerosas personalidades y líderes de diversas denominaciones religiosas y signo político, expresó desde Roma que son tiempos de dejar atrás conflictos y agresiones que ponen en peligro a la especie humana.

El Movimiento Cubano por la Paz, consciente de que es un momento excepcional para fomentar la solidaridad entre todas las naciones, como único pilar sobre el cual vertebrar estrategias efectivas contra esta enfermedad, hace patente, de igual manera, que nada ni nadie podrá acabar con la Revolución Socialista Cubana, erigida sobre profundas e indoblegables convicciones y principios.

Nuestro pueblo, ni el venezolano, perderán el sueño ni la capacidad de fundar. Cada brigada internacionalista del Contingente Henry Reeve, desplegada en cualquier rincón del planeta para salvar vidas, será un nuevo y elocuente testimonio de que venceremos.

La Habana, 13 de abril de 2020.

Source:

World Peace Council

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