La actual pandemia del Covid-19 está demostrando nuevamente que el sistema capitalista, desde hace mucho, ha alcanzado su límite histórico y que, por lo tanto, se ha convertido en la antítesis de la sociedad, ha perdido su vigencia, y su continuidad ya es insostenible. La naturaleza del capitalismo, la anarquía de la producción, la socialización de las pérdidas de la burguesía, y la condena a la enfermedad y la muerte para la clase trabajadora se dejan ver en toda su magnitud.

Ante este caos, el heroico pueblo cubano nos vuelve a dar otra lección de solidaridad y de internacionalismo proletario al desplegar brigadas médicas en más de una decena de países para procurar llenar el vacío de un sistema de salud ineficiente como el capitalista que no puede darse abasto ante una crisis de esta envergadura.

Sin embargo, en medio de toda esta euforia, a algunos sectores de la intelectualidad pequeñoburguesa se les olvida u omiten mencionar el hecho de que semejante tarea solo pudo haber sido llevada a cabo por un país que a raíz de la su revolución inició el camino de la construcción socialista, lo que hace que su sistema de salud sea eficiente.

La omisión de estos hechos objetivos ha llegado a tal punto que, por un lado, hay quienes se enorgullecen de la solidaridad mostrada por los cubanos, pero al mismo tiempo avalan el gobierno socialdemócrata de López Obrador, queriendo establecer una comparación entre este último y el proceso revolucionario cubano, diciendo que ambas son experiencias antiimperialistas, de integración latinoamericana, “progresistas”, etc.

Por otro lado, están los que “agradecen” la ayuda internacional prestada por Cuba, pero que de plano rechazan la necesidad de la revolución socialista, aduciendo que el “sistema cubano” es algo del pasado, superado, lejano para nuestro país, y que hay que conformarse con el gobierno “humanista” de López Obrador, porque “ya no estamos” para levantamientos armados y hemos alcanzado un estado de armonía bajo la república democrático-burguesa.

Sin embargo, la historia asesta un duro golpe en la cara a ambas partes de la intelectualidad. Primero, porque no hay grado de comparación entre las políticas llevadas a cabo por el gobierno revolucionario cubano y las de la socialdemocracia obradorista. La confiscación de grandes propiedades de tierra y su entrega a los campesinos, la nacionalización de la industria, la implementación de programas de educación y salud, todo ello realizado bajo la dirección del Poder obrero y el Partido Comunista de Cuba en nada se parece al desmantelamiento de los sistemas educativos y sanitarios, el remate del ejido para los terratenientes y para la construcción de megaproyectos capitalistas, la participación de los principales representantes de los monopolios en el gobierno, y el total aniquilamiento de los derechos laborales que el actual gobierno de la demagogia en México ha llevado a cabo. ¡Y ya ni hablemos del internacionalismo cuando el Estado mexicano persigue a los migrantes y los confina a verdaderos campos de concentración!

En segundo lugar, la crisis cada vez más aguda del capitalismo demuestra la total y absoluta vigencia del socialismo-comunismo y la utilización de todas las formas de lucha para lograrlo, no solamente las formas legales-electorales, sino también el uso del justo derecho de los pueblos a la rebelión armada. A su vez, al tiempo que el proletariado toma el Poder, es preciso asegurar su permanencia en el mismo, para ello se requiere la violencia revolucionaria para aplastar cualquier intento de contrarrevolución, con la misma determinación que los dirigentes de la Revolución Cubana, entre ellos los Comandantes Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, persiguieron a los saboteadores y espías que por todos los medios intentaron acabar con el proceso revolucionario. Esto es sumamente escandaloso para el intelectual burgués o pequeñoburgués que cree a rajatabla que con el actual gobierno socialdemócrata hemos llegado a la cúspide del desarrollo político de la sociedad y que, de ahora en más, todas las diferencias políticas deben dirimirse única y exclusivamente en las urnas, y que incluso se da golpes de pecho ante cualquier asomo de mención de la vía armada para la transformación de la sociedad. “No a la violencia” exclama campante, pero voltea la vista cuando aparecen las noticias de los líderes sindicales, campesinos, ambientales y sociales asesinados por el Estado capitalista.

Es nuestro deber como comunistas evitar que la intelectualidad burguesa y pequeñoburguesa arrebate el filo revolucionario del actuar del pueblo cubano, que no se pase por alto el hecho de que si hoy Cuba puede enviar apoyo médico a varios países, detrás hubo toda una generación de marxistas-leninistas organizados en un partido comunista, que se trazó la tarea de construir el socialismo-comunismo y que ese es el único camino que le queda al ser humano para sobrevivir.

Fue a propuesta de la Unión Soviética y de su viceministro de salud, Víktor Zhdánov, que pudo erradicarse la viruela en el siglo pasado, y sus contribuciones en el campo de la medicina y la investigación científica y su incansable labor por concientizar a todo el mundo lo que lo lograron.

Hoy la humanidad se ve nuevamente amenazada por la guerra, el hambre y las enfermedades, corremos nuevamente el riesgo de sucumbir. Solo con la construcción del Poder obrero y la Revolución socialista, que pasa obligatoriamente por el fortalecimiento del Partido Comunista, hemos de evitar de nueva cuenta nuestra aniquilación, y hacia ahí se dirige todo el concurso del esfuerzo de los comunistas en todo el mundo. Para ello hemos de rescatar nuestra historia, la historia del movimiento comunista, y evitar a toda costa su apropiación por parte de las tendencias oportunistas y burguesas de la intelectualidad.

Fuente:

El Comunista – Órgano del Comité Central del Partido Comunista de México

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