Imprimir
Categoría: Perú

Por: Tania Roja

Algunas reflexiones

Enla situación que vivimos, investigar, reflexionar y reconocer en qué medidaesta crisis afecta de manera diferenciada a hombres y mujeres, es importantepara entender sus efectos y promover propuestas desde el campo popular.

Desdeestas líneas queremos resaltar el impacto del Covid-19 en los roles de género.Entendiendo que esos roles son los asignados a hombres y mujeres en estasociedad, cuyo modelo neoliberal los ha recrudecido. Roles, que influyen cuandooptamos por una carrera (obviamente, para quienes acceden), ocupación, tipos detrabajo (para quienes tienen la “suerte” de opciones laborales) y la cantidadde tiempo y tareas que desempeñamos o nos han dado en nuestros hogares.

En sector salud

Desde las filas de la izquierda,afirmamos y reconocemos que los trabajadores de salud son la primera línea debatalla contra el Covid-19.Pues pongámonos en su lugar y pensemos en ellas yellos como seres humanos que tienen una semejante responsabilidad.

Segúnestudios, en América Latina, la mitad de médicos y más del 80% de enfermeras,son mujeres, siendo el más alto porcentaje a nivel mundial. Esto no es casualporque es una expresión y extensión de los roles de género (ligado al cuidado ytareas del hogar), siendo las mujeres de este sector las que mayor riesgocorren por su exposición al virus.

En el trabajo

Las crudas cifras demuestran que la mayoríade mujeres tiene empleos informales sin límites de horario (ambulantes,costureras, trabajadoras al destajo, vendedoras de comidas, trabajadoras delhogar, cuidados, entre otros), a tiempo parcial o de subempleo. Los datosconfirman que en algunos lugares de América Latina, los niveles de informalidadson muy altos.

En el Perú, por ejemplo, el 83% denuestras compatriotas están sumidas en la informalidad o subempleo y no gozande ningún beneficio; es decir, viven al día o casi al día. Siendo este sectorel más vulnerable y afectado por ser los empleos u ocupaciones menos protegidasen estos tiempos de crisis y los que se avecinan.

Recargadolabor no reconocida ni visibilizada

Eltrabajo en nuestros hogares (sí trabajo,porque lavar, planchar, cocinar, cuidar, también lo es) recae fundamentalmenteen las mujeres y las niñas. A pesar de los avances de la “modernidad” en plenosiglo XXI, existe abrumador desbalance en la distribución de las tareasdomésticas y el cuidado de las personas.

Estudiosrealizados por distintas entidades en el Perú y Latinoamérica, nos dicen quelas mujeres contribuimos casi el triple que los hombres en las labores de casa.Vale decir, que seguimos manteniendo la cadena de doble y hasta triple jornada,extendiendo esas responsabilidades en nuestras hijas o hermanas menores; ya queal ser obligadas a trabajar sin límites de horarios ni beneficios, son ellaslas que se ven forzadas a asumir las labores domésticas, restringiendo susposibilidades de desarrollo personal y humano. Esta situación, también es deriesgo porque expone a las mujeres al contagio al desempeñar su rol cuidando deenfermos en el hogar, lo cual implica no tener horario ni descanso.

Aquíqueremos resaltar que, nos compete a todos, promover que las labores de la casase cumplan con la participación de hombres y mujeres. Es impune que, mientras las niñas, madres o abuelas,cocinan, limpian, van al mercado, lavan, cuidan, los hombres no participen.Recordemos que debe ser labor conjunta y debemos replicar esto en todos losámbitos de la sociedad. Los días de confinamiento son una oportunidad parainsistir en la distribución democrática de las labores domésticas. Persuasión,convencimiento y educación, están a la orden del día.

Peligroen casa

Incertidumbree inseguridad en estos tiempos y el impacto del coronavirus en las mujeres yniños puede ser mucho más alarmante. La violencia se vive diariamente y dediferentes formas. En muchos casos, por vergüenza y sentimientos de culpabilidad (que tienenexplicación psicológica) hacen que prevalezca el silencio. Lo que no significaque haya un cese de la violencia ejercida.

Estenecesario cambio de rutina, el temor por el virus, aunado a la ansiedad por lasituación económica y recrudecimiento de carencias básicas como el no tener niagua para asearse, engañar al estómago con algo a falta de dinero para comprar,la preocupación por la pérdida de ingresos, aumenta la tensión y los conflictosfamiliares. Especialistas en salud mental, advierten que la situación porla que atravesamos, elevan los niveles de agresividad que derivan en episodiosde violencia doméstica. Siendo muy peligroso compartir en casa con el potencialagresor, convirtiéndose el hogar en ellugar más inseguro para muchas mujeres y niños. Ante ello, debemos estaralertas, actuar a tiempo, denunciar y, de ser posible, solicitar ayuda.

Estamospues, ante nuevas dinámicas y rutinas, desde la cotidianidad de nuestroshogares y en la sociedad, en que el espíritu solidario debe prevalecer. Ensuma, ante una oportunidad de cambiar estilos de vida, batallando actitudes egoístas e individualistas o el sálvese quienpueda. También de investigar la realidad, analizar y reflexionar acerca depropuestas viables para formular el proyecto de país que queremos y la nuevaRepública a construir, tomando en cuenta a los sectores más vulnerables,olvidados y explotados, velando por su seguridad, tranquilidad y desarrollocomo seres humanos, de manera particular, las mujeres y niñas.

Elcoronavirus podrá tenernos confinados en los limitados espacios hogareños perono conseguirá arrancarnos nuestros sueños de construir un mundo nuevo y mejor,que promueva vida digna y saludable para todos y todas.

Fuente:

Partido Comunista del Perú - Patria Roja

Esta web utiliza cookies. Si continuas navegando, estás aceptándolos.