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Categoría: Venezuela

Por: Narciso Isa Conde

Es difícil encontrar en la historia de la humanidad un sistema con más capacidad de saqueo,  apropiación y expoliación de las riquezas del Planeta Tierra que el modo de producción, distribución, acumulación y dominación capitalista.

Esas características se han potenciado en su fase imperialista, agravadas recientemente por su “modo operanti” neo-conservador o neo-liberal y por el incremento se su voracidad, su financierización y su gansterización en el marco de su crisis de decadencia.

 Y como parte relevante de ese proceder del capitalismo imperialista, EEUU y sus elites empresariales, políticas y militares, han roto todos los records en prácticas de latrocinio a escala mundial.

De ahí que lo de que “el ladrón juzga por su condición” no solo sea un recurso retórico, sino una condición demostrable; aunque en estas circunstancias no voy a  caerle encima al poder imperialista y a sus conductores solo por su historia de robos impunes.

Tampoco me voy a limitar  a denunciar sus prácticas genocidas (terrorismo incluido), que a lo sumo requeriría desempolvar sus oscuros archivos de invasiones militares, golpes de Estado, guerras de agresión, escuelas de formación de militares asesinos y torturadores, cárceles tumbas, atentados, masacres, guerras químicas y bacteriológicas, bloqueos económicos…

O sencillamente mencionar lo que junto a sus aliados hizo recientemente, o está haciendo en Palestina, Irán, Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Kosovo, Ucrania, Honduras, Haití, Venezuela, Bolivia… Sin olvidar el Congo, Viet Nam, Cuba, Chile, Colombia, Argentina, Uruguay, Brasil, Granada, Dominicana y más allá.

Ahora -a propósito de la mendaz acusación contra el Presidente Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros funcionarios civiles y militares venezolanos y contra el Comandante Jesús Santrich (FARC-EP/Nueva Marquetalia)- quiero resaltar las implicaciones estadounidenses  en temas como  la narco-corrupción y el develado plan para asesinar al Presidente de la República Bolivariana.

Informaciones muy contundentes dan cuenta que el referido plan magnicida fue organizado por la Administración Trump y la CÍA, con la colaboración del Gobierno Colombiano (presidido por Iván Duque, instrumento del narco-presidente Álvaro Uribe Vélez), Guaidó y la escoria venezolana.

 La denuncia correspondiente, luego de las confesiones y revelaciones del ex-general traidor Cliver Alcalá y de los datos ofrecidos por las autoridades chavista, no requiere  más pruebas confirmatorias. Todo está dicho para asumir sin vacilaciones su veracidad.

Se trata de otra perversidad gringa,  comparable con el atentado consumado por la tiranía trujillista contra Rómulo Bentancourt al inicio de los 60, con los más de seiscientos intentos frustrados contra Fidel y las diversas maquinaciones para matar a Chávez.

Todo eso, sin embargo, se queda corto respecto a las ominosas conexiones de las altas instancias del poder político, militar, policial de la superpotencia estadounidense con la narco-corrupción a escala continental y mundial.

-Comenzando por el manto de impunidad tendido a favor de los carteles estadounidenses involucrados en procesos delictivos relacionados con la enorme demanda de su mercado interno de drogas. La acción de la DEA y el FBI se concentran contra la oferta externa y el consumo menor.

-Seguido de los fenómenos relacionados con los grandes volúmenes de dinero procedente del “narco-lavado” que nutren sus bancos de negocio y no pocas de sus operaciones secretas.

-Presentes también en las asociaciones delictivas de la CIA, DEA, el PENTAGONO y sectores de su cuerpo diplomático con sus carteles preferidos:

-Manifiestas, además, en sus alianzas, contubernios y protecciones a  Narco-Presidentes latino-caribeños:

En los casos enumerados, que no agotan los voluminosos archivos de la DEA,  EE.UU posee las pruebas y solo las emplea como mecanismo de chantaje soterrado para obtener concesiones políticas y económicas.

¡El ladrón juzga por su condición y los narco-estadistas también!, por lo que el “dicho” conocido es válido para no pocas modalidades de delincuencia de Estado.

Están claras, pues, las razones por las que ninguna Administración de EEUU ha incluido a estos personeros al servicio de la política de recolonización neoliberal en sus listas punitivas, en sus planes de desestabilización y sus programas magnicidas.

Tan claro como las razones para fabricar grotescas calumnias y fraguar proyectos criminales contra el Presidente Maduro, otros dirigentes chavistas y el propio camarada y amigo Jesús Santrich.

El pecado es una suma de atributos: soberanía, insumisión, insurgencia política y/o militar e intensos compromisos con sus respectivos pueblos, con la justicia social y el proyecto socialista continental en gestación y la solidaridad bolivariana.

Así, con esa crueldad y esa dosis de indecencia, trataron a Fidel, al Che y a Chávez.

Así tratan a Raúl y a la digna Cuba.

Esta saña contra la Venezuela bolivariana y chavista se parece mucho a la de las potencias coloniales contra Haití y a la del imperialismo yanqui contra Cuba: es saña medular contra el atrevimiento de iniciar etapas diferentes a favor de la independencia continental.

Es odio, es miedo, es perversidad de imperios decadentes.

Pero ¡NO PASARÁN!

Las derechas mafiosas venezolanas con su Guaidó va camino al basurero.

Como más temprano que tarde irá a un basurero más grande y más profundo, el imperio decadente que los protege junto a sus Bolsonaro, Janine, JOH, Jovenal Moíses, Danilo Medina, Leonel Fernández y demás canallas políticas continentales.(Santo Domingo RD /30-03-2020)

Fuente:

Agencia Bolivariana de Prensa

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